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Publicado: Lunes 14 de abril del 2014 | Ciencia | Imprimir | Compartir | 42290 Lecturas

Propuestas para salvar al mundo


 
 Propuestas para salvar al mundo

 

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Cuando vemos el registro geológico terrestre, este nos revela que el mundo ya sufrido múltiples envites que lo han llevado al colapso biológico.

Diferentes extinciones masivas han acabado con la mayoría de las formas de vida que han poblado nuestro planeta, pero la vida ha demostrado ser muy resistente y tiene la capacidad de reconquistar cualquier entorno.

Dicho esto, siempre hay algo que me ha llamado la atención, la necesidad de salvar la Tierra.

Pero en realidad nuestro planeta no necesita ser salvado de nadie, siempre se ha repuesto de los golpes que el cosmos le ha lanzado.

Así que quizás loque en realidad necesitamos es salvar nuestro hogar, es decir, lograr que el planeta siga teniendo esas condiciones ideales para que la humanidad se desarrolle.Así que, visto que nuestros actos están deteriorando nuestro hogar, ya hay que ir pensando en que podemos hacer para poder seguir viviendo en el, tenemos que evitar que el cambio climático comience a pasarnos factura. Es por ello que expertos en este campo han presentado sus planes para enfrentarnos al calentamiento global, pero desde un punto de vista diferente, en el caso de que los países no puedan o quieran reducir sus emisiones de carbono.

Como Pepe Gotera y Otilio, una chapuza que nos permita salir del paso, aunque me recuerda más al capítulo de la serie Futurama en el que solucionan el problema del cambio climático arrojando a los océanos grandes bloques de hielo. Apodado Plan B del Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC) ha estudiado la posibilidad de recolectar el dióxido de carbono de nuestra atmosfera así como estudiar otros elementos que reflejen la luz solar hacia el espacio. Y aunque pueda parecer algo absolutamente ridículo, este trabajo va a sentar algunos de los puntos del nuevo tratado internacional sobre el cambio climático global y que podría ser firmado el próximo año, en 2015. Pero como es lógico, ya son muchas las voces que se han alzado contra este proyectos de geoingenieria, señalando claramente que jamás deberíamos iniciar ese truculento camino. Y es que claramente estas tecnologías no serian más que esfuerzos ineficaces a largo plazo, e incluso podrían llegar a generar más problemas de los que tratan de resolver, permitiendo que sigamos consumiendo petróleo y carbón de forma descontrolada, precisamente lo que nos han llevado hasta esta situación y evitando que otras fuentes, como la solar o eólica, sigan relegadas a un segundo plano. Pero ¿qué es la geoingenieria? Básicamente es utilizar nuestros conocimientos para cambiar nuestro entorno a nivel global, algo que llevamos haciendo desde hace ya mucho tiempo y que se nos ha dado tan bien.

Aunque en esta ocasión seria llevarlo hasta el extremo, lo que en latín se diría Reductio ad absurdum (la reducción al absurdo). Es por ello que las propuestas lanzadas parezcan más bien ideas extravagantes que proyectos científicos reales. Entre ellas, la más llamativa sería la de crear una capa de polvo que rodee al planeta y que bloquearía gran parte de la radiación solar, lo llamativo de esta idea sería que el polvo procedería o bien de la Luna o bien de los asteroides. En 2012 un equipo de la Universidad de Strathclyde sugirieron capturar un asteroide, 1036 Ganymed, y arrastrándolo hasta uno de los puntos de Langrange situado ente la Tierra y la Luna, creando una corriente de polvo de unos 2.600 km de ancho que rodearía el planeta y bloquearía el Sol. Sin embargo, estos investigadores admitieron que un error de cálculo podría provocar que 1036 Ganymed llegase a impactar contra la Tierra, algo que de ocurrir destruiría no solo con nuestra civilización, sino que también acabaría con la mayor parte de la vida en el planeta. También aceptaron que no tenían ni idea de si una nube de polvo tendría el efecto deseado.

Si bloqueaba demasiada luz del Sol, entonces la Tierra se sumiría en una nueva edad de hielo que acabaría de igual forma, miles de millones de víctimas tanto humanas como animales y vegetales. Pero Curtis Struck, de la Universidad Estatal de Iowa, propuso en 2007 que un proyecto de minería en la Luna podría lanzar al espacio grandes cantidades de polvo durante décadas que podría proteger a la Tierra de la intensa radiación solar.

Su propuesta señalaba que habría que calcular la cantidad de polvo necesaria para evitar que esta nube se disipase en el espacio a la vez que se ralentizaba el calentamiento global. Una de las ideas que planteo Curtis señalaba a la utilización de potentes láser que romperían la roca lunar para situar en el espacio al menos unas 300 toneladas métricas durante un periodo no inferior a los 10 años, una idea que el mismo señalo podría ser impopular y que incluso podría llegar a convertirse en todo un problema tanto para los astrónomos como para nuestras futuras misiones de exploración espacial. La vista del cielo nocturno de la Tierra sería cambiada drásticamente por nubes muy brillantes de polvo alrededor de la órbita lunar.

En general, el cielo de la noche sería mucho más brillante que durante los periodos de luna llena, advirtió. Aun así todavía fue capaz de señalar un lado positivo noches más brillantes reducirían la necesidad de iluminación artificial. Y aunque los críticos de esta visión señalaron que podría desestabilizar el efecto de la Luna sobre las mareas, también indicaron que probablemente en resultado obtenido seria mínimo. Pero dejando de lapo la idea de llenar nuestra orbita de polvo, hay otro planteamiento que más bien parece la ocurrencia de un niño pequeño, una enorme sombrilla formada por una ingente cantidad de espejos se situaría en el primer punto de Lagrange entre la Tierra y el Sol que permitiría controlar la cantidad de energía que llega a nuestro planeta.Pero esta idea de cubrir la Tierra con una sombrilla no es nueva.

A mediados de la década de 1960, científicos de Estados Unidos discutieron por primera vez como hacer frente a cualquier futuro calentamiento global utilizando miles de millones de pequeños objetos reflectores, como pelotas de golf blancas que cubrirían los océanos tropicales para reflejar los rayos del sol. Un estudio de la Universidad de Bristol mostro que la sombrilla espacial podría enfriar efectivamente los trópicos, pero sus efectos son más moderados en las regiones polares. Esto se debe a los trópicos reciben una mayor cantidad de luz solar que las latitudes más altas, por lo que el reducir la radiación que golpea la Tierra tan solo tendría un efecto significativo más grande cerca del ecuador que en las latitudes altas, donde el sol ya proporciona una menor cantidad de calor de forma totalmente natural. De esta forma, la sombrilla espacial parece ser insuficiente como para evitar el calentamiento de las regiones polares, sus hielos terminarían derritiéndose antes de que los océanos pudiesen alcanzar una temperatura lo suficientemente baja como para que tuviese un impacto real a nivel global. Y es que ya se ha planteado hasta una fecha en la que esta sombrilla espacial estaría terminada, 25 años después de que fuese lanzado el primer espejo, lo malo es que el coste económico podría ser inasumible, varias decenas de billones de dólares. De esta forma, tendremos que dejar de buscar la solución en el espacio y poner los pies en Tierra, bueno quizás un poco más arriba.

También se ha sugerido que nuestras nubes sean más brillantes que tuviesen la capacidad de reflejar al espacio una mayor cantidad de luz solar. Los estratocúmulos de bajo nivel ya cubren alrededor de un tercio de la superficie del océano. ¿Pero como aumentamos el nivel de albedo de nuestras blancas nubes?, bueno, lanzando al aire una mayor cantidad de agua. Investigadores del Centro Nacional de Investigación Atmosférica en Boulder, Colorado, sugirieron la utilización de buques especializados que podrían hacer las funciones de grandes pulverizadores de agua, lanzando agua marina a una velocidad de 50 metros cúbicos por segundo mientras recorren todos los océanos de la Tierra. Los autores de este curioso planteamiento, John Lathan y Stephen Salter, afirman que la técnica podría revertir el efecto de calentamiento incluso aunque duplicásemos la tasa de dióxido de carbono emitido.

Para lo cual sería necesario el uso de al menos 1.500 barcos que creasen estas nubes para lograr el efecto de enfriamiento deseado. Otra idea ha sido la de permitir que las algas marinas se desarrollen de forma exponencial.

Pero no hablamos de las grandes algas, sino del fitoplancton capaz de realizar funciones fotosintéticas.

Abonaríamos las regiones infértiles de los océanos para que se produjese una explosión en el crecimiento de estas microscópicas formas de vida. Ellas absorberían miles de toneladas de dióxido de carbono hasta que, una vez finalizada su vida útil, lo arrastrarían hacia el fondo de los océanos donde permanecería durante siglos. En 2012 un equipo del Instituto Alfred Wegener de Investigación Polar y Marina de Alemania añadió varias toneladas de sulfato de hierro en una región del océano cercana a la Antártida. Este abonado con nutrientes provocó una floración masiva de fitoplancton en apenas una semana.

Tres semanas después, cuando finalizo el periodo de vida del fitoplancton, este se hundió hacia el fondo oceánico, llevándose consigo el carbono que habían absorbido. En su trabajo, publicado en la revista Nature, llegaron a la conclusión de que es probable que este carbono se mantenga fuera de la atmósfera durante muchos siglos. Lo malo de esto es que el equipo afirma que la fertilización con hierro del océano podría enterrar a lo sumo una gigatonelada de dióxido de carbono por año, eso es apenas una octava parte de las emisiones mundiales. Entonces, ¿Qué nuevo planteamiento lanzamos para lograr que nuestro amado mundo no se caliente tanto? Pues otra idea quizás aun más infantil que la de la sombrilla espacial. Ya hemos podido comprobar a lo largo del tiempo que cuando se produce una erupción volcánica, los materiales que arrojan las calderas son capaces de reducir la temperatura de todo el planeta, por lo que a algunos se les ha ocurrido realizar algunos experimentos para comprobar si podríamos reproducir este efecto de forma artificial. Los sulfatos reflejan la radiación solar al espacio antes de que pueda llegar a calentar la Tierra, creando un efecto de oscurecimiento global. Alrededor de un kilogramo de azufre en la estratosfera compensaría el efecto de calentamiento de varios cientos de miles de kilogramos de dióxido de carbono. Pero como siempre, existe un pero, emitir a la estratosfera estos sulfatos es complicado, por lo que ya se han propuesto el uso de los medios más variopintos, Sin embargo, desde globos hasta aviones de combate y proyectiles de artillería. La Universidad de Harvard ha intentado el uso de globos meteorológicos, pero la carga útil que pueden transportar es mínima.

Además, también son muchos los que han señalado que esta técnica podría llevarnos hacia un mayor daño ambiental, causando sequías y destruyendo la capa de ozono. El problema real es que cualquiera de estas propuestas se basa en una sola idea, reducir la luz solar que llega hasta la Tierra.

Nuestro mundo ha evolucionado durante miles de millones de años, cualquier reducción de la energía procedente de nuestro astro rey ha provocado grandes catástrofes en el pasado.

Este descenso de la luz solar también puede afectar el crecimiento de plantas y aumentar la tasa de acidificación de los océanos, acabando con la gran despensa de la humanidad. Finalmente nos queda una sola idea en mente, si queremos salvar el planeta entonces no nos queda más remedio que plantearnos la idea más absurda de todas, protegerlo de nosotros mismos...

y esta solo nos lleva hacia un único destino final..nrelate_related .nr_sponsored{ left:0px !important; }

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Fuente: http://espacioprofundo.es


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